28/9/2011 - 12:14h - laMalla.cat

Ni un aplauso

Cuando el president Mas acabó ayer por la tarde su primer discurso de política general en el Parlament de Catalunya se produjo una escena insólita en una Cámara legislativa: ninguno de los diputados de su grupo parlamentario –CiU tiene 62 de los 135 escaños– aplaudió su intervención. Ese detalle es importante porque refleja hasta qué punto la sobriedad es una baza en estos momentos y que el portador de malas noticias no quiere que sus parlamentarios lo alienten en público ante lo que de una manera u otra acaba siendo un discurso que supondrá sacrificio para mucha gente. De ahí la instrucción a los diputados de CiU para que no interrumpieran con aplausos a Mas mientras hablaba y que tampoco lo hicieran al final. La crudeza de la situación actual fue un elemento determinante de su intervención, que, por otro lado, no fue ni populista ni revanchista. En todo caso, más allá de las legítimas posiciones de cada partido, PSC, PP y ERC bien podrían subir a la tribuna y sus respectivos portavoces plantear escenarios de acuerdo como conclusión del debate. No es fácil que eso suceda y Mas lo sabe bien. Por ello en las resoluciones habrá acuerdos cruzados, que es a lo máximo que se puede aspirar a menos de dos meses de las elecciones generales. El discurso de Mas, que no aportó novedades sustanciales más allá de un firme posicionamiento del Govern a favor de una figura tributaria con carácter progresivo que grave temporalmente las grandes fortunas, subrayó como ejes de la legislatura la resistencia en el terreno competencial y el acuerdo con el Gobierno para el pacto fiscal, que insistió en que tendrá que inspirarse en sus resultados en el concierto económico. Para ello pidió hacer piña en Catalunya y por lo visto hasta la fecha la unidad es más fácil social que políticamente.

José Antich
Director

 

Llegit a La Vanguardia 28/09/2011

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