31/8/2010 - 08:57h - laMalla.cat

Manifest federalista de la consellera Montserrat Tura

Indignación democrática

La mayoría de catalanes hemos pensado alguna vez que nuestra nación tiene muchas dificultades para formar parte de un Estado cuya Constitución ayudamos a redactar. Una Constitución que explicita realidades políticas diferentes cuando menciona la existencia de “nacionalidades y regiones”.

En un mundo internacionalizado aquello que es propio, próximo y único es lo que nos identifica y nos arraiga. Respecto a Cataluña: las instituciones históricas, la lengua y la cultura, la tradición jurídica. Quien lo ponga en duda estará ignorando la historia y esta es tozuda y reaparece con más fuerza cuando es negada.

Como miembro del Gobierno de Cataluña asistí a la manifestación del 10 de julio. Desde 1977 nunca se había reunido tanta gente en una manifestación.

De aquella protesta yo quiero recordar a una familia completa de la que estaban presentes cuatro generaciones: desde la abuela en silla de ruedas hasta la bisnieta que llevaba la senyera como capa. Todos mostraban una indignación democrática por la decisión de un tribunal deslegitimado que cuestiona aspectos sensibles del Estatut pero, sobre todo, por las actitudes contrarias a la legítima aspiración de Cataluña de incrementar su nivel de autogobierno.

Desde entonces, he leído y releído los estudios de opinión y la conclusión es que el 10 de julio había un pueblo diverso. Es cierto que el clamor por la independencia fue protagonista, pero también es cierto que la ausencia de otras consignas dejó sin voz a la gran mayoría del pueblo.

En cifras, alrededor del 60% cree que el autogobierno es un sistema que aún puede desarrollarse más en Cataluña. Pero ha crecido el número de ciudadanos que opina que es necesario volver a un Estado centralista, del 6% al 15%, y ha aumentado el de aquellos que se decantan porque Cataluña sea un Estado independiente, del 15% al 25%.

“Es una hora grave”, decía el presidente Montilla el 16 de julio, porque el largo proceso del Estatut ha mostrado una dura ofensiva del nacionalismo español, que se expresó claramente durante la etapa de José María Aznar en La Moncloa (gracias al pacto del Majestic con CiU) y que no ha parado de avanzar.

Mientras, el pensamiento independentista arraiga y se radicaliza, sin concretar a través de qué vía se podría llegar a la independencia.

Hay que hablar claro, el independentismo cada vez más fraccionado no concreta nunca su propuesta y corre el riesgo de generar odio hacia España, igual que el centralismo reaccionario lo genera hacia Cataluña.

Rechazo el centralismo reaccionario, el autonomismo uniformador, el independentismo que no explica cómo se llega a la independencia y la ambigüedad del nacionalismo que se mueve desde hace años con la etiqueta del “soberanismo” que no quiere decir nada, que solo busca votos. En los 23 años que gobernó CiU no propuso nunca aumentar el nivel de autogobierno reformando el Estatut.

Queda el trabajo duro, nada fácil, de fortalecernos en el espíritu del pacto institucional y reclamar y proclamar que aquel Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico solo puede existir si las fuerzas del progreso abrazan con más fuerza que nunca el objetivo del federalismo. El primer paso tiene que ser el compromiso del Gobierno central de hacer posible la meta que marcaba el Estatut de 2006 y no dar por cerrado ningún proceso de descentralización.

El segundo paso es la aceptación explícita de naciones en el seno del Estado.

Y el siguiente es el establecimiento de mecanismos de conexión real entre estas realidades nacionales y las instituciones dependientes del Gobierno central.

Por definición, los Estados realmente federales son asimétricos, ya que las instituciones de cada realidad política evolucionan a ritmos diferentes (naciones en España, Estados en el caso de Estados Unidos, landers en el caso de Alemania), tan asimétricos que en Estados Unidos por el mismo delito algunos Estados aplican la pena de muerte y otros no.

En este momento el PSC tiene que alzar la voz clara y unánime en favor del federalismo, garantizando la unidad civil de nuestro pueblo, que es lo que nos ha hecho realmente fuertes. Pero es también la hora grave y exigente de los progresistas de todas las tierras de España, especialmente del PSOE, recuperando la vinculación inseparable del pensamiento progresista con el reconocimiento de las realidades nacionales. Y lo es mucho para CiU porque no puede seguir en el reino de las ambigüedades apoyando el Estatut y renegando de él a la vez, coqueteando con el independentismo sin querer llegar a la independencia, sin rechazar a quienes crearon la actual crisis institucional por haber llevado el Estatut al Tribunal Constitucional, es decir, sin atacar nunca al PP sencillamente porque cree que así ganará las elecciones.

Es una hora grave, pero también es la hora de otro tipo de política, de perder el miedo a las palabras, de hablar claro, de hacer lo que se dice, de un nuevo esfuerzo estimulante, porque el pesimismo y la negación no ayudan a avanzar. Y Cataluña necesita, urgentemente, avanzar.

MONTSERRAT TURA, Consellera de Justícia del Govern de la Generalitat
Llegit a El País (30/08/2010)

21/8/2010 - 11:36h - laMalla.cat

Rescatar l'Estatut

El rescat de l'Estatut

La decisió del primer Consell de Ministres després de les vacances de posar en marxa els mecanismes legals per recuperar aspectes de l'Estatut, o competències, qüestionats per la sentència del Tribunal Constitucional (TC) pot tenir dues lectures, les dues legítimes. La primera és que Zapatero compleix el que va acordar amb Montilla, en el sentit de desenvolupar per llei el que el TC ha frenat, i que les reunions a alt nivell després de la garrotada de la sentència, com la visita del vicepresident Chaves a la Generalitat, han servit d'alguna cosa. La segona lectura és que aquesta celeritat governamental té l'objectiu que el president de la Generalitat i el seu partit, el PSC, recuperin una mica d'embranzida per millorar les seves males expectatives de cara a les eleccions autonòmiques de la tardor. Les dues versions no són contradictòries i poden ser perfectament complementàries.


Aquest rescat de l'Estatut afecta bàsicament el capítol de la justícia, el més laminat pel tribunal, i el traspàs d'una sèrie de competències no anul·lades per les restriccions de la sentència. A aquells que es preparin a esquinçar-se les vestidures, se'ls ha d'advertir que el TC no va declarar inconstitucional l'apartat de la justícia per se, sinó que va dictaminar que l'Estatut no era el camí i que la creació dels consells de justícia o la transferència de competències del Tribunal Suprem s'havien de fer a través de la reforma de la llei del poder judicial. D'això, i no d'una altra cosa, es tracta ara.

De moment, però, només assistim a l'efecte anunci, és a dir, a les paraules. Ara, han d'arribar els fets.

EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. Editorial
Llegit a El Periódico de Catalunya (21-08-2010)

17/8/2010 - 10:18h - laMalla.cat

Article del conseller Joaquim Nadal a 'El País'

Dinamitar 32 años

Después de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, España y Cataluña están peor.

Se ha desplazado el eje del debate político de forma incuestionable; ha crecido la desconfianza de muchos sectores de la sociedad catalana hacia España; ha saltado por los aires el espíritu del pacto constitucional; se han radicalizado las posiciones anticatalanas en sectores de la sociedad y de la política españolas; el pacto estatutario ha dejado de ser una referencia para muchos en Cataluña.

La gran manifestación del 10 de julio apunta a un hartazgo generalizado de la política de desgaste a la que se ha sometido la sociedad y la gobernación de Cataluña y encamina sectores hacia la secesión.

El gran culpable de esta situación es el Partido Popular, aunque no debemos olvidar los demás recursos contra el Estatuto que siguen vivos y aparcados. Sin ese recurso ahora no habría sentencia y sin sentencia España y Cataluña estarían mejor, respirarían mejor.

Con naturalidad, sin ninguna ruptura irreparable como han puesto de manifiesto los cuatro larguísimos años de agonía constitucional a la que ya casi nadie daba crédito después que, de forma sucesiva, el Tribunal Constitucional viese mermados sus efectivos por recusación, fallecimiento o mandatos vencidos.

Amparados en la Constitución, que no votaron, los sectores más conservadores de la sociedad española han hecho añicos un pacto que les molestaba. Han roto el pacto de 1978 que no pudieron romper entonces, orquestando ahora un ataque en toda la regla. Aún a riesgo de cargarse 32 años de vida constitucional fructífera y la voluntad explícita del Parlamento y del pueblo de Cataluña, en un atentado de lesa patria.

En el siglo pasado uno de los problemas de la política española fue el llamado "problema catalán". Los esfuerzos de la Transición se orientaron a resolver este y otros muchos problemas derivados de las heridas abiertas por la Guerra Civil y la Dictadura. Así se halló un pacto político que definía un horizonte de geometría variable y de descentralización creciente en un proceso sin precedentes en la historia de España.

Los resultados son más que evidentes y sería paradójico que la bondad del pacto estallara definitivamente por los aires víctima de su propio éxito. Las aspiraciones de más autogobierno por parte de Cataluña han sido observadas con mucho recelo y desprestigiadas, a menudo, como un afán de privilegios y desigualdades donde solo había la voluntad radical de expresar con claridad meridiana la propia identidad. Una identidad nacional que nadie sabría negaren el terreno intelectual y académico, y que al parecer causa pavor en el contexto de una interpretación constitucional restrictiva.

En el momento del pacto de 1978, la sociedad española y los sectores más directamente implicados en las luchas democráticas respetaban profundamente a Cataluña. Quizás temían y respetaban. Rechazo la idea del temor. Me aferro al profundo respeto que las fuerzas democráticas y progresistas, que las izquierdas, que la intelectualidad, expresaba en aquellos años hacia la sociedad catalana. Con ánimo constructivo se selló un gran acuerdo que culminaba todas las audacias compartidas por Cataluña y España en el proceso de la Transición.

Transcurridos 32 años, con dos Estatutos vigentes sucesivamente (1979 y 2006), la situación ha cambiado radicalmente. Ya no se nos teme ni se nos respeta. No solo no se nos respeta sino que con cierta sistemática se nos falta al respeto. Se niegan los hechos básicos de la identidad catalana, se combate la idea de una España plural y se intenta desmentir el carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüístico de la sociedad española. Es más, las resistencias, los obstáculos, las cortapisas a los procesos acordados en el pacto estatutario de 2006 evidencian un abismo entre la voluntad política expresada por las Cortes Generales y los Gobiernos y la predisposición real de las burocracias estatales.

El Estatuto mutilado por el Tribunal Constitucional ha sido erosionado en su aplicación práctica. Tanto que cuando se han alcanzado resultados tangibles, el beneficio del éxito estaba ya totalmente amortizado por la carga del desgaste acumulado. La aplicación a contrapelo del Estatuto puede haber tenido en muchas ocasiones efectos igualmente letales para su vigencia y reconocimiento.

Y, sin embargo, los resultados están ahí, pueden llegar más y nadie podría discutir que nunca antes en la historia de Cataluña se había dispuesto de cotas equivalentes de autogobierno.

Para algunos explorar esta vía es perder el tiempo. Muchos han decidido que el Estatuto estaba muerto. Sectores de la sociedad catalana se orientan hacia el independentismo. Y CiU apunta a una orientación soberanista con sordina, liquida el Estatuto como vía operativa y se apunta a dos abstracciones directas: el derecho a decidir y el concierto económico. Abstracciones porque siendo muy concretas, su aplicación práctica deviene una mera abstracción si no se perfila una ruta precisa hacia objetivos concretos.

En este contexto, el PSC busca en solitario recomponer los pactos constitucional y estatutario. Lo hace desde la afirmación clara de no ser un partido independentista. No solo eso, sino que percibimos en la lógica del independentismo alguno de los riesgos que caracterizaron en el pasado nuestra peripecia colectiva y la marcaron con el signo del fracaso.

Es legítimo que algunos piensen que ha llegado la hora de la verdad y que en la Europa del siglo XXI caben nuevas fórmulas más allá de un federalismo que algunos practican, muchos predican y probablemente pocos quieren. El PSC insiste en abrirse camino desde la centralidad política en esta vía federalizante que refuerza el pacto constitucional y estatutario.

¿Existe todavía en la izquierda española voluntad federal? ¿Estamos perdiendo el tiempo los que creemos que todavía hoy la vía abierta y flexible ensayada en 1978 y pendiente de actualizar es el camino más efectivo y práctico para orientar el futuro? ¿Con qué convicción defenderán el Estatuto los que lo votaron y lo hicieron posible? ¿Son posibles posiciones equivalentes en el Parlamento catalán y en las Cortes generales?

Las dudas e interrogantes que se plantea la sociedad catalana de cara a los próximos comicios son de una entidad sobresaliente. Hoy y desde el debate monográfico sobre la sentencia, que se produjo en julio en el Parlamento de Cataluña, las posiciones de los partidos se han hecho evidentes. Todos han creído erigirse en intérpretes de nuevas voluntades mayoritarias expresadas en la calle. La mayoría han expuesto los fines que persiguen aunque muy pocos se atreven a definir los medios con que plantean alcanzarlos.

Casi nadie piensa en las tensiones a las que se somete desde todos los frentes al conjunto de la sociedad catalana. Casi nadie en España se plantea los riesgos que se asumen y la carga de profundidad para la convivencia de los pueblos de España que ha supuesto la sentencia.

Los que aún creemos que existe un itinerario compartido buscamos razones para convencernos que no nos hemos equivocado, necesitamos certezas tangibles que acerquen el imaginario colectivo catalán a un plausible horizonte federal. Porqué Cataluña está cansada de pedir y esperar "generosidad federal" y ha dejado claro ya que los términos del pacto son políticos y no admiten conceptos subjetivos como la generosidad y sí solo los términos de la "lealtad" al pacto.

Los tiempos sociales y los tiempos políticos pueden haber perdido el compás como apuntaba recientemente Manuel Castells. De consumarse el divorcio, el conflicto está servido. De ahí que muchos estén ya construyendo sus discursos al margen de España, dibujando un horizonte utópico que, aunque a menudo vacío de argumentos, suscita entusiasmos.

De vez en cuando contemplo, con cierta ternura, la magnífica fotografía que Adolfo Suárez Illana hizo de su padre y del Rey. Ambos compartieron un gesto de coraje político sin precedentes. Ambos consumaron en la Transición un primer reconocimiento preconstitucional de la singularidad institucional y política de Cataluña, y restablecieron la Generalitat con el retorno del president en el exilio, Josep Tarradellas. ¿Existe hoy coraje político para mantener el tono y el sentido de aquella decisión histórica y sin precedentes?

Estamos ante una nueva encrucijada, en un momento sensible y delicado de nuestra vida política. Es en estas circunstancias cuando se calibran los liderazgos auténticos que vencen la adversidad y construyen futuro.

Para los que dudan conviene recordar que el propio president José Montilla ha dejado meridianamente claro que en su elección antepone Cataluña a cualquier otra adscripción.

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JOAQUIM NADAL. Conseller de Política Territorial i Obres Públiques de la Generalitat
Llegit a El País (17-08-2010)

9/8/2010 - 08:20h - laMalla.cat

Res de nou, segons Josep M. Colomer

Mucha confusión

El catalanismo ha perdido la batalla estatutaria debido, en gran parte, a su confusión conceptual y estratégica. Las reacciones a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto han sido de rechazo y repudio, pero han mostrado un gran desconcierto acerca de las alternativas de futuro.

La confusión despunta en dos conceptos ampliamente utilizados: la soberanía y el federalismo. Si algún concepto político está obsoleto en la Europa de hoy es el de soberanía. Con la división de poderes entre los Gobiernos locales, autonómicos, estatales y europeo, ha dejado de haber una autoridad suprema capaz de tomar decisiones últimas en todos los temas sobre la población de un territorio bien definido; es decir, ha dejado de haber "soberanía".

Hace unos pocos siglos, la construcción estatal comportó la proclamación de un poder absoluto e indivisible dentro de unas fronteras para enfrentarse a los ejércitos extranjeros, evitar las importaciones y prevenir las inmigraciones. Pero actualmente ningún poder pueden aspirar a una jurisdicción de este tipo cuando han desaparecido las fronteras, las aduanas, las monedas y, de hecho, hasta los ejércitos capaces de defender por sí solos un territorio estatal.

El modelo europeo actual, del que España y Cataluña, como las demás comunidades de la Unión, forman parte, comporta múltiples niveles de gobierno. Cada nivel de gobierno tiene y debería tener competencias exclusivas o preferentes en distintos temas, según la escala de eficiencia de los bienes públicos que provee; ya sean la moneda y el mercado comunes a nivel continental; ciertas infraestructuras y recursos naturales a nivel peninsular; el urbanismo y las escuelas a nivel regional; o los parques y las calles a nivel local.

Dentro de la Unión Europea, más que independencia hay interdependencia. Ni hay soberanía ni la volverá a haber.
Muy confuso es asimismo el uso que se hace a menudo del vocablo "federalismo". La federalización de España no implicaría necesariamente más autogobierno de las comunidades autónomas, aunque, por ejemplo, los estatutos pasaran a llamarse constituciones. En algunos países federales los Gobiernos territoriales tienen más poderes que la Generalidat de Cataluña, pero en otros tienen menos. Parece que muchos entienden por "federalismo" una especie de confuso estadio intermedio entre la autonomía y la independencia. Pero lo que implica la federación es más unión, es decir, menos competencia entre los Gobiernos territoriales y más participación en las políticas comunes de ámbito general.

En España, los elementos fundamentales de la federalización serían la representación de los territorios en el Senado, la efectividad de las conferencias de presidentes autonómicos y la cooperación entre los ministros y los consejeros de cada tema cuando se necesiten acuerdos de amplio alcance.

Sin embargo, el ámbito estatal es hoy insuficiente para muchos temas de políticas públicas. En el contexto actual, una fórmula federal solo podría ser eficaz en un marco continental, es decir, en una federación europea. Algunos opinadores y hasta algún político propuso que en la manifestación del 10 de junio en Barcelona ondearan banderas de la Unión Europea, pero la sugerencia tuvo un eco menor.

En el aspecto estratégico, proclamar "somos una nación" es irrelevante si la voluntad de ser no se concreta en un proyecto político. Ante la pretensión de que "nosotros decidimos" hay que preguntar: decidimos ¿qué? Las demandas catalanas que llevaron al proyecto de Estatut de 2005 incluían, al mismo tiempo, más poderes propios (por ejemplo, en la administración de justicia y el Síndico de Agravios), relaciones bilaterales con el Gobierno central (en impuestos e inversiones) y más participación en las instituciones comunes (como el Tribunal Constitucional, el Banco de España y el Senado).

Estas demandas apuntaban en direcciones diferentes y su armonización habría requerido un esfuerzo mayor. Pero solo dos días después de la manifestación catalanista del paseo de Gracia, el Parlamento de Cataluña rechazó una iniciativa legislativa para un referéndum sobre la independencia.

A continuación, la defensa del Estatuto se circunscribió a refrendar su preámbulo, pero ni siquiera este gesto pudo ser trasladado a las Cortes Generales. Ahora mismo no parece, pues, que se quiera avanzar ni hacia más "soberanía" ni hacia más "federación".

Ante la confusión de alternativas, es más probable que en el próximo periodo se restauren las clásicas políticas de conllevancia, por un lado, y peix al cove (pescado a la canasta), por el otro; es decir, los intercambios de votos en los dos Parlamentos entre los partidos que gobiernen en España y en Cataluña, sin mayor ambición de reforma institucional.

Tras la peripecia estatutaria, no será fácil reanudar estas prácticas típicas de los años ochenta y noventa. Pero no parece que en este momento nos encontremos en el inicio de algo nuevo. Esto más bien parece el final de una década perdida y un regreso a la situación anterior.

JOSEP M. COLOMER Professor d'investigació del CSIC a Barcelona, autor de 'Ciencia de la política' (Ariel, 2009)
Llegit a El País (09/08/2010)

3/8/2010 - 08:30h - laMalla.cat

Federalisme plurinacional

Dos atzucacs a evitar

Dues extrapolacions de signe invers tracten de sortir-se amb la seva. D’una banda, la dels qui treuen ferro a la sentència del Tribunal Constitucional perquè podia ser pitjor, tot ignorant que comporta la fixació a la baixa del pacte constituent del 1978. D’altra banda, l’extrapolació dels qui, després d’“enquadrar”, amb els seus eslògans de part, la manifestació unitària del 10-J, afirmen ara que “el poble ha parlat” i que ha disposat un nou horitzó independentista. Ni una cosa ni l’altra. Es tracta de dues fabulacions i de dos atzucacs a evitar.

1. El llarg procés de l’Estatut ha registrat la dura ofensiva involucionista del nacionalisme espanyol, la seva frontal oposició a les interpretacions que el pacte constituent de 1978 havia deixat obertes, cosa que ha determinat la fixació d’un model estatal de sostre baix, en el qual les nacions que inclou només hi caben ajupides: un Estat de matriu castellana, uninacional, unicultural i unilingüístic, que només permet el desenvolupament de Catalunya en el seu estricte clos i encara amb limitacions, sense que l’Estat central hagi d’expressar-la, sense que hagi d’identificar-se amb la seva llengua i la seva cultura, sense que esdevingui el mecanisme segur i eficaç per a la realització de les seves potencialitats globals. Això ha impactat en la línia de flotació del federalisme català, dels qui hem sostingut que l’estat que la nació catalana necessitava podia ser l’Estat espanyol, entès com un estat plurinacional, pluricultural i plurilingüístic; que aquesta era la perspectiva implícita del pacte constituent de 1978, en reconèixer expressament l’existència de “nacionalitats” i no tan sols de “regions”. L’Estatut tractava d’obrir aquest camí. I la resposta de la dreta espanyola ha sigut el linxament i el crit de guerra “España se rompe”, una arma de destrucció massiva que ha terroritzat l’esquerra fins a paralitzar-la. El resultat no pot eludir-se amb lectures pacificadores: continua pendent –i amb el camí sembrat de sal– la quadratura de l’Espanya de les “nacionalitats”, una dimensió essencial del pacte constituent de 1978, el repte autèntic, la prova del nou de la viabilitat futura d’Espanya.

2. Sense necessitat d’esperar les eleccions de la tardor, les enquestes d’opinió (GESOP) ja han desfet el miratge independentista d’alguns: solució federal, malgrat tot, 47%; solució continuista, 28,7%, i solució independentista, 16,2%. També han establert que hi ha una immensa majoria de ciutadans (70%) que se senten catalans i espanyols, en una o altra proporció, cosa que posa de manifest l’escissió personal que la solució independentista els comportaria. Cal afegir-hi la reflexió que planteja la declaració D’on venim, on som, on anem de la plataforma Nou Cicle (diari en línia L’Hora), referida a la provocació del nacionalisme espanyol envers Catalunya, que té com a finalitat radicalitzar el catalanisme, de manera que deixi al descobert la meitat de la societat catalana, per poder-hi assajar la radicalització de signe invers i, amb ella, la desitjada polarització social entre catalanisme i espanyolisme, cosa que li permetria fer forat i avançar en el seu secular designi assimilador.

Davant d’aquest intent, manté tota la vigència el lema Som i serem un sol poble. El catalanisme ha de continuar posant-lo al frontispici, cercant les estratègies nacionals que garanteixin, en primeríssim lloc, la unitat civil del nostre poble. Pot haver-hi nació sense estat, propi o compartit, Catalunya n’és la demostració, però no hi ha nació sense poble, sense consens bàsic i renovat de la ciutadania. El camí del federalisme plurinacional no serà un camí de roses, però és el camí que ens convé com a nació amb un poble a mig pastar.

JORDI FONT
Llegit a Avui (01/08/2010)

18/7/2010 - 11:07h - laMalla.cat

Article del president Montilla a 'El País'

Catalunya y España en la encrucijada

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el recurso del Partido Popular contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña nos sitúa en un punto crítico para la política española y la política catalana, que exige una respuesta responsable y valiente. Ha provocado, como es bien patente, una profunda indignación y ha suscitado el enérgico rechazo de una gran mayoría de la ciudadanía catalana, que la considera una falta de respeto por el resultado del proceso democrático e impecablemente constitucional de tramitación del Estatuto. Y además ve en dicha decisión una desconsideración por el pacto político sobre el autogobierno alcanzado por las instituciones democráticas y ratificado en referéndum popular. Indignación y rechazo mayores, si cabe, provocan algunas interpretaciones del tribunal que resultan ofensivas para el sentimiento de identidad nacional, cultural y lingüística de Catalunya.

La sentencia llega tras un cúmulo de circunstancias que han alimentado sospechas sobre la parcialidad del tribunal erosionando la confianza ciudadana en la institución y su legitimidad moral. Con este estado de ánimo, cientos de miles de ciudadanos se manifestaron en Barcelona, expresando un hondo malestar y algunos, un desapego creciente hacia una forma de entender España, que parece incapaz de dar cabida a una nación con un fuerte sentimiento identitario y a una aspiración de mayor autogobierno.

La situación abre una serie de interrogantes sobre los caminos a seguir. Unos ya han dicho -algunos más abiertamente y otros de manera menos clara- que el proyecto de continuar en una España común ya no les interesa. Otros, los que creemos en la España plural, nos preocupamos de cómo aplicar el Estatuto a partir de ahora y cómo recuperar el cumplimiento de lo pactado.

Asimismo, se pone de manifiesto una confrontación de legitimidades entre las instituciones legislativas y el TC. A nuestro juicio el tribunal se ha extralimitado intentando imponer una visión del Estado autonómico, una función que no le corresponde y que le es impropia. Deberemos abordar este grave problema estructural de nuestra democracia, impulsando las reformas que sean oportunas, empezando por la del propio TC.

Pero volviendo al problema de la aplicación del Estatuto, creo que podemos afirmar que no se ha conseguido el objetivo de invalidarlo, tal y como pretendían quienes lo impugnaron. A pesar de la sentencia, sigue siendo un instrumento útil de nuestro autogobierno y vamos a aprovechar todo su potencial al servicio del progreso, el bienestar y la cohesión de la ciudadanía catalana.

Pero, ¿qué haremos con aquellos apartados del Estatut enmendados por el TC? Nuestra respuesta buscará conjugar el respeto de la voluntad popular, la defensa del autogobierno, el cumplimiento del pacto político y el respeto al Estado de derecho. Desde la Generalitat iniciaremos un proceso de diálogo con los principales responsables de las instituciones y fuerzas políticas del Estado. Un diálogo orientado al cumplimiento del pacto estatutario y el reforzamiento del pacto constitucional. Conscientes de que es posible explorar soluciones legislativas a algunas de las afectaciones del Estatuto, y también de que algunas de las garantías del autogobierno han sido disminuidas por la interpretación del TC y no renunciamos a recuperarlas.

Pero más allá de la voluntad de recuperar el Estatuto, tenemos ante nosotros la cuestión de fondo, el problema secular de la relación entre Catalunya y el resto de España, que atraviesa nuestra historia contemporánea y que, a mi juicio, se trata más de un problema español que de un problema catalán.

Con esta sentencia, lamentablemente se ha perdido una oportunidad para hacer una contribución positiva a su resolución. Peor aún, hemos retrocedido con respecto al espíritu que hizo posible la Constitución de 1978. Estoy convencido de que este problema solo puede resolverse desde el reconocimiento de nuestra realidad plurinacional. Un reconocimiento que requiere coraje político y altura de miras para seguir avanzando en una cultura democrática que permita buscar soluciones más justas para la convivencia de los distintos pueblos de España. Esta sentencia muestra una evolución decepcionante de nuestro intérprete constitucional en términos de calidad democrática. La Constitución expresa un consenso que exige el compromiso permanente en la regulación de la convivencia y el Estatut era el instrumento para encontrarnos de nuevo, desarrollando el pacto constitucional.

No nos queda otro camino que recuperar nuevamente el espíritu constitucional primigenio para restablecer el reconocimiento y respeto a las distintas identidades, culturas y lenguas de España, en el marco de un Estado que acepte, ampare, anime y defienda sus singularidades y su pluralidad. Ello requiere la complicidad y el apoyo de quienes defendemos una visión de España como un proyecto ampliamente compartido. Reivindicando la propuesta federal como la vía más apropiada para desarrollar nuestro futuro común con generosidad y voluntad de acuerdo. Si España quiere dar solución a su problema secular debe estar dispuesta a cambiar. Tenemos la oportunidad y el reto de construir un futuro compartido. Catalunya y España entera se hallan en una encrucijada.

JOSÉ MONTILLA. President de la Generalitat i primer secretari del PSC
Llegit a El País (17/07/2010)

15/7/2010 - 08:55h - laMalla.cat

Corrent neoliberal, Estatut i Mundial de futbol

¿Qué pasa en España?

(...) se ha construido todo un entramado ideológico promovido por los establishments mediáticos y políticos neoliberales que argumentan que tales medidas son necesarias para recuperar la confianza de los mercados financieros (es decir, de la banca, que fue la que causó la crisis en primer lugar). Como bien escribió Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research de Washington, en The Guardian (09-07-10), los argumentos que el establishment neoliberal de la UE y el Fondo Monetario Internacional están promoviendo carecen de validez científica. En realidad, España fue uno de los países de la UE-15 que cumplió más con la ortodoxia neoliberal, habiendo alcanzado una de las deudas públicas más bajas de la UE-15, y un superávit en los presupuestos del Estado en los tres años que precedieron la crisis. Y, a pesar de ello, España está en el centro de los países que más están sufriendo la crisis. Y ello no se debe al crecimiento “desmesurado” del gasto público (como lo presentan los neoliberales), sino al comportamiento especulativo de la banca (creando el boom inmobiliario) y a las políticas regresivas fiscales, que facilitaron el crecimiento del déficit cuando disminuyó la actividad económica.

 Estos sacrificios son enormemente impopulares. De ahí que en España las derechas recurran a las banderas para conseguir el apoyo popular que sus políticas económicas le niegan. La derecha nacionalista española es heredera del Estado fascista que dominó España durante 40 años y que justificó el enorme daño que conllevó (España tenía el PIB per cápita de Italia en 1936; en 1975, el PIB de España era sólo un 64% del de Italia), con el argumento de derrotar al comunismo y al separatismo, defendiendo “la unidad de España” (el eslogan utilizado por el fascismo y el posfascismo para justificar la imposición de una España radial, uniforme y excluyente). En defensa de unos intereses de clase, impusieron el mayor retraso económico, político, social y cultural que haya habido en Europa. Los datos hablan por sí mismos (ver mi libro El subdesarrollo social de España).

Sus herederos –el Partido Popular– han continuado haciendo un enorme daño a las clases populares de las distintas naciones y regiones de España, habiendo sido el Gobierno del PP el que, con sus políticas de desregulación del suelo y políticas fiscales regresivas, originaron la crisis actual. Y ahora, en su intento de capitalizar el anticatalanismo (que sembró la dictadura en la población española), se ha opuesto al Estatut que fue aprobado por los representantes del pueblo catalán y del pueblo español, argumentando que rompería España. La sentencia del TC, que ofendió (en su procedimiento, en su narrativa y en su dictamen) al pueblo catalán, ha creado tensiones totalmente innecesarias. Si el TC hubiera aprobado sin más el Estatut, España hubiera continuado unida. En realidad, se ha ido implementando durante cuatro años sin que apareciera ni siquiera una fisura. El Estatut representaba una redefinición de España. Es la resistencia a esta redefinición liderada por la derecha española la que está estimulando la rotura de España, pues el independentismo se está alimentando de esta insensibilidad hacia aceptar una España que respete su plurinacionalidad.

Pero España es plural, y el mejor indicador de ello es la selección española de fútbol, en la que precisamente el contingente del Barça jugó un papel clave en la victoria. Cuando el Barça ganó la Champions y sus jugadores expresaron con orgullo “Visca Catalunya!” en un Camp Nou lleno de senyeras, varios medios madrileños presentaron tal movilización como prueba de un incipiente separatismo. La mejor prueba de tal falsedad es que, el pasado domingo, estos “supuestos” separatistas jugaron un papel clave en dar la victoria a España. ¿Hasta cuándo continuará la derecha dividiendo a España?

VICENÇ NAVARRO. catedràtic de Polítiques Públiques de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en la Johns Hopkins University
Llegit a Público (15/07/2010) 

13/7/2010 - 09:18h - laMalla.cat

Joan Barril sobre el president Montilla

El president discret

La veritat és que José Montilla no em cau ni bé ni malament. Em sorprèn el seu hieratisme, però de vegades admiro la seva pell gruixuda. Valoro la seva capacitat de saber ocupar un càrrec que no hauria somiat mai tenir, però em desespera la seva incapacitat de comunicar. Intueixo com un valor la seva capacitat de diàleg però al mateix temps em deprimeix la facilitat amb què sovint sembla que cedeix a les exigències dels seus socis. Com a polític, Montilla m’avorreix, però la política tampoc hauria de ser un circ permanent. Potser el que més diu a favor de Montilla són els histèrics arguments amb què altres actors de l’escena política l’intenten desacreditar. Des de la injusta i injustificable tendència a retreure-li la pronunciació de la llengua catalana fins al seu origen andalús. Precisament això és el que converteix José Montilla en un polític poc habitual en la política catalana. I és el que el faria passar a la història per més que s’entestés a continuar amb la pràctica del laconisme.

Però Montilla és, per sobre de tot, el president de la Generalitat i s’ha de reconèixer que, diguin el que diguin els seus antics coreligionaris o els defensors de la puresa de sang catalana, Montilla ha estat aquests dies vivint un dels moments més durs de la seva història. Tots els homes i dones ens trobem en algun moment de la nostra vida davant la necessitat d’optar. Podríem fer el que s’espera de nosaltres, però també ho podríem deixar de fer. Intuïm que cada una de les nostres decisions comportarà unes conseqüències i que aquestes no seran mai del gust de tothom. La maduresa és precisament aquesta capacitat de fer perquè creiem en nosaltres i en el paper que ens ha tocat representar. Com a president de la Generalitat de Catalunya estic convençut que Montilla ha fet el que havia de fer i fins i tot més del que els seus crítics esperaven d’ell. En l’intent de desacreditar-lo, a Montilla li han posat moltes trampes i ha hagut de patir les desercions dels seus i les agressions dels altres. Però així és la vida. Les ministres tornaran dels seus compromisos a Salamanca i els independentistes s’embrancaran en les seves respectives lluites caïnites. Però Montilla haurà passat l’examen. No liderarà res, perquè de vegades el lideratge dels polítics no és una altra cosa que la gesticulació del no-res i la manipulació del tot. Montilla lidera més aviat poc, però com a president de la Generalitat de Catalunya ha dit tot el que havia de dir contra la sentència que ha redactat el Tribunal Constitucional i ha estat on havia de ser sabent que era difícil.

Algun dia els mateixos que ara li critiquen el seu accent i que li diuen «botifler» no dubtaran a associar-se amb el Partit Popular per poder continuar progressant amb catalanistes com Millet. Llavors demostrarem que la nostra memòria és làbil i gasosa. Perquè la vergonya d’aquesta sentència, la humiliació del sistema espanyol, la paranoia davant d’una cosa tan íntima com és la llengua catalana, no ens han de fer oblidar que els catalans necessiten complicitats amb la la resta d’Espanya. I que la gran sorpresa, l’únic dubte que durant aquests dies s’ha pogut colar a l’opinió pública i democràtica espanyola, ha estat la imatge d’un andalús, president electe de Catalunya, que ha dit el que ha dit i com ho ha dit i que ha sabut fer el cor fort al fer pinya amb els que ell sap que només aspiren a fer-lo fora del Govern i que el continuen considerant un intrús.

Diuen que no té carisma. Potser no en tindrà mai. Però ha estat a l’altura. I negar-ho és de necis.

JOAN BARRIL
Llegit a El Periódico de Catalunya (12/07/2010)

12/7/2010 - 09:51h - laMalla.cat

Crida a la unitat d'acció dels partits

Després de la manifestació

"(...) aquesta mateixa setmana tindrem ocasió de comprovar al Parlament i al Congrés dels Diputats si, com van coincidir a assenyalar dissabte, la gran manifestació marca un abans i un després en la relació amb Espanya. Al Parlament, demà es reuneixen els partits per estudiar algun tipus d'acció conjunta que s'aprovaria en el ple monogràfic sobre l'Estatut que està previst celebrar divendres, i al Congrés té lloc el debat sobre l'estat de la nació, que comença dimecres i en què els vint-i-cinc diputats del PSC es trobaran en una situació difícil si la resta de partits catalans aconsegueixen que l'Estatut centri el debat i plantegin alguna resolució de suport i contra el TC.

Una acció conjunta que, d'acord amb les declaracions d'ahir, requerirà un gran esforç per part de tothom per assolir-la, ja que la interpretació del missatge de la massiva protesta era amb matisos diferents segons cada formació. Així, mentre ERC parlava sense embuts que la resposta és avançar cap a la independència, CiU preferia cenyir-se a una aposta clara pel dret a decidir. Per la seua part, PSC i ICV parlaven de refer amb el Govern espanyol el pacte constitucional trencat per la sentència del Tribunal Constitucional. Es requereix, perquè així ho han demanat els ciutadans, una unitat d'acció dels partits que, ara mateix, ja té símptomes d'estar contaminada per la proximitat de les eleccions autonòmiques, avançades a després de les vacances o a la tardor si s'esgota la legislatura. Si no són capaços d'anteposar el país als seus interessos electorals, es faran a si mateixos un flac favor i poden rebre un fort càstig dels ciutadans a les urnes."

SEGRE. Editorial
Llegit a Segre (12/07/2010)

10/7/2010 - 08:49h - laMalla.cat

Editorials dels diaris sobre la sentència del TC i la resposta al carrer

Catalunya respon avui

La cita és al passeig de Gràcia de Barcelona i hi estan cridats tots els que aspiren a una nova relació de Catalunya amb Espanya, però també tots els que discrepen de la sentència del Tribunal Constitucional, també tots els que van donar suport a l'Estatut i també tots els que defensem que l'expressió de la sobirania popular mitjançant un referèndum lliure i democràtic ha d'estar per sobre del criteri d'un tribunal polititzat amb jutges que tenien esgotat el seu mandat i que han fet un pas enrere en la construcció de l'Espanya plural, segons l'esperit constitucional. A la manifestació d'avui hi cabem tots perquè és l'hora de la unitat, malgrat el lamentable espectacle que hem viscut aquesta setmana amb polèmiques sobre el lema de la marxa, la ubicació de la senyera, el protagonisme de la manifestació i els objectius de l'acte.

(...) el contingut íntegre de la sentència divulgada ahir abunda en la necessitat de sortir en defensa de Catalunya, després que els jutges hagin retrocedit en la moviola del temps per assegurar, com fan, que l'única nació és l'espanyola o que conèixer el català no és jurídicament exigible o, com diu l'únic magistrat català, que se silencia la pluralitat de la nació espanyola. És l'hora de defensar la història, els drets, la dignitat dels catalans amb una manifestació multitudinària, pacífica i, sobretot, unitària, que serveixi perquè a Madrid coneguin la nostra resposta i que estableixi les bases d'un nou cicle, sense que ningú intenti capitalitzar per a la seua causa els resultats de la manifestació. Al passeig de Gràcia, avui hi cabem tots i cadascú hi acudirà amb el seu lema perquè el prioritari avui és defensar la dignitat de Catalunya i el seu reconeixement com a nació.

SEGRE. Editorial
Llegit a Segre (10/07/2010)

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Al carrer després de la sentència

La manifestació d'avui dissabte contra la retallada de l'Estatut es desenvoluparà només un dia després que es conegués la sentència que va emetre el Tribunal Constitucional. Pot ser que es tracti d'una casualitat o bé que sigui el fruit del càlcul dels magistrats, que s'han estimat més sumar el disgust dels manifestants al coneixement in extenso de la sentència a esperar més per divulgar-la i provocar, amb tota seguretat, una nova tanda de crítiques, protestes i declaracions polítiques.

En realitat, les raons de la coincidència tenen una importància relativa davant el fet cert que, mitjançant un acord salomònic no exempt de confuses interpretacions, la manifestació serà unitària, aplegarà diferents orientacions polítiques i podrà transmetre l'enuig col·lectiu. En qualsevol cas, serà prou transversal perquè cap manifestant se senti del tot despenjat del pacte polític que han cosit les institucions catalanes, els partits polítics, Òmnium Cultural i les associacions de tota mena que s'han anat adherint a la marxa.

(...)

Davant el fet consumat de la sentència –14 articles han estat declarats inconstitucionals i 27 han estat sotmesos a interpretació–, el que han de fer les forces polítiques catalanes és posar-se d'acord per presentar una proposta unitària que superi els obstacles i intenti posar en marxa amb reformes legals el que el tribunal ha esmenat.

EL PERIÓDICO. Editorial
Llegit a El Periódico de Catalunya (10/07/2010)

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Una qüestió de dignitat i respecte

La resposta del poble català a la sentència del TC no ha de ser només la resposta a una retallada incomprensible d'un Estatut que ja havia passat per les urnes. La manifestació d'avui ha de ser un clam contra la manca de respecte que Catalunya ha patit al llarg d'aquest rocambolesc procés de quatre anys. La nostra dignitat nacional n'ha sortit tocada, i ho han de saber. Han de saber que uns quants juristes amb el seu càrrec caducat no estaven legitimats per carregar-se els nostres drets lingüístics, ni per discutir sobre el nostre finançament ni sobre els nostres símbols nacionals. Les relacions entre Catalunya i Espanya n'han quedat tocades, i no només transitòriament: el que hem posat damunt la taula és que el pacte constitucional del 78 ha arribat a un final de trajecte i ara no veiem quin és l'encaix de Catalunya a Espanya. No hem d'acceptar que es modifiqui ni una sola línia de l'Estatut que vam aprovar en referèndum, i no podem acceptar que des de Madrid ens dictin quina ha de ser la nostra política lingüística. I, encara menys, no podem acceptar determinades actituds hostils cap a Catalunya després que els nostres esforços durant tants anys hagin estat molt més dedicats a voler entendre'ns que no pas separar-nos. Per això, una factura tan injusta com la que ens passen ha de tenir una resposta contundent. (...)

AVUI. Editorial
Llegit a Avui (10/07/2010)

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Mediocre sentencia

Los cuatro tortuosos años empleados por el Tribunal Constitucional para dictaminar sobre la constitucionalidad del Estatuto de Cataluña no han servido siquiera para redactar una sentencia de calidad jurídica. Por el contrario, la resolución exhibe una mediocre textura técnica. Por su farragosa extensión, de 881 páginas. Por su reiterativa apelación (una docena de menciones) al menos acertado de los artículos constitucionales, el que alude a la "indisoluble unidad de la nación española", impuesto en su momento al presidente Suárez por la cúpula militar de la Transición. Con razón uno de los votos particulares, el único progresista, tilda de decimonónico el enfoque del tribunal, como si la era de la globalización, las soberanías compartidas, las integraciones supranacionales y la transformación de los viejos Estados-nación para nada afectasen a España (...)

EL PAÍS
. Editorial
Llegit a El País (10/07/2010)